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jueves, 7 de abril de 2011

Cuando se quiere tanto...



Que complicado resulta, cuando se quiere tanto, decirle a esa persona a la que quieres que la quieres de corazón y que no le vas a faltar nunca. Parece que por más que se lo dices no te sacia el hambre que da la necesidad de decirlo una y otra vez. Y sientes la necesidad de gritarlo una y otra vez... Incluso de subirte al punto más alto de allá donde estés y gritarlo para que todos a tu alrededor se enteren, te vean y rabien de la envidia, porque así solo se quiere una vez en la vida.

Y qué complicado resulta, cuando se quiere tanto, hacer ver, aunque sea una locura y por más vueltas que de la vida, que nunca le vas a faltar. Porque cuando se quiere tanto, así de esa manera que solo se siente una vez en la vida sabes que si da vueltas, yo no puedo, ni pienso ni quiero soltarte. Y sientes la necesidad de explicárselo más fuerte, porque más claro no es que no se pueda... es que no te sale, que si hay que caer en el camino de la vida, quieres caer sin soltarle, que si la vida quiere dar una vuelta, quieres darla sin soltarle.

Y qué complicado resulta, cuando se quiere tanto, no sentir miedos a que la historia acabe. Cuando se quiere tanto, y sabes que quieres así porque nunca jamás te sentiste tan lleno ni tan viva... tan vivo ni tan llena, tienes la necesidad de que esa persona nunca te falte, y otra vez te resulta complicado decirle que no le vas a faltar.

Y qué complicado resulta explicar lo que te escribo, eso que lo ves tan claro pero después se vuelven miedos... y después desaparecen con un beso... pero no me faltes por Dios te lo pido... Qué complicado resulta decir todo lo que siento... Mientras tanto encuentro la forma solo tengo clara una cosa: Ni puedo, ni pienso... ni mucho menos quiero soltarte.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Una estrella iluminó su cielo


No sé como empezar, hace tiempo que no me comunico con vosotros y me encuentro algo nervioso. La vida no me sonríe, aunque yo, simplemente para fastidiar, salgo a la calle con mi mayor sonrisa. Gracias a dios a todos no les pasa esto.

La noche de antes de ayer parecía una noche cualquiera, pero para mi amigo fue una noche especial. Aunque en su cielo figuraba una estrella de 4 años, la noche de antes de ayer llegó a su cielo una estrella muy luminosa. Si su otra estrella la veía cada 15 días, esta estrella iluminará su cielo todos los días de su vida, y junto a su estrella de 4 años iluminarán su vida. Ahora podrá ser padre de familia como siempre deseó, y verá crecer y brillar a sus estrellas desde un punto de vista que jamás imaginó.

Mi más sincera enhorabuena a mi amigo, al que le debo bastante. La vida por fin te sonríe y te ilumina con estrellas y luceros, cuida esos astros como solo tú sabes y como te mereces.


Sé que es pobre y poco extenso lo que escribo, la inspiración no me da para más. Estoy vagando en un mundo de palabras, ideas y pensamientos y no sé donde hospedarme. No se lo deseo a nadie, juro que es frustrante. Espero algún día poder descansar y contaros mis viajes. Diviértanse!

sábado, 20 de junio de 2009

¡Ay, la inspiración!



Queridos trípedos y bípedas, locos cuerdos, lectores y seguidores todos de mis cuerdas locuras: espero que sepan perdonar mi dejadez y mi abandono en estos últimos días, pero como saben estamos en época de exámenes y, entre una cosa y otra, no me encuentro demasiado inspirado.

Y es que, amigos, la inspiración es caprichosa. Es una transeúnte que viene y va cuando le place. Su forma de vida, totalmente nómada, es la pesadilla de poetas asalariados: unos días está contigo placenteramente y otros, sin venir a cuento, se va por donde mismo vino. El caso es que siempre tengo el hostal de mi mente abierto, con una habitación reservada por si viniera. Pero hace días que no se le ve el pelo por aquí, ni ha dado señales de vida... muy típico de ella.

Así que, amigos, perdonen (insisto) las molestias, prometo que cuando vuelva le sacaré todo el jugo posible para complaceros lo más posible. No sé cuando llegará. Saludos y diviértanse!


Un momento... están llamando a la puerta

miércoles, 20 de mayo de 2009

El mejor lugar para escribir una historia de amor


Anoche mientras intentaba dormirme, en esos momentos en los que uno empieza a darle vueltas a la cabeza en un monólogo entre la almohada y tú mismo, pensaba en el lugar perfecto para escribir una historia de amor. Ya habéis comprobado que me encanta contaros historias de amor de la cosecha sacada del huerto de mis pensamientos (no solo me gusta, nunca se me ocurre otra cosa). Y quería buscar el lugar perfecto para escribir la siguiente.

Pensé en la habitación, en la soledad de un escritorio. Pero no me convencía. Pensé luego en el baño, ¿pero donde sujeto los folios? Demasiado incómodo. En el salón... directamente no, ni la cocina. La mente me saca de casa buscando otro lugar. Yo cuando empecé a escribir las mejores producciones las hacía en clase, es muy buen sitio. En el silencio después de un examen, entre horas... Pero debías estar demasiado atento a otras cosas. Así que tampoco. Bueno, la playa, que para colmo la tengo cerca. En la playa de noche, oyendo el rumor de las olas y una brisa fría que te invita a... irte, porque te mueres de frío. Y en verano hace mucho calor.

Nada, que no encuentro el sitio. Volví a casa, de mi viaje mental, aburrido de tanto buscar infructuosamente el lugar perfecto para escribir; ese sitio donde pueda pensar, recrearme, hablar, disfrutar, relajarme, desahogar todas mis penas y mis frustraciones de manera placentera y plácida y demostrar, de la mejor manera posible, el amor que profesas hacia esa persona. Entonces lo entendí. El mejor lugar para escribir una historia de amor es, sin ninguna duda, la cama.

miércoles, 6 de mayo de 2009

El niño que temía a la oscuridad



Esta historia puede ser la historia normal de cualquier niño que, sin saber en un principio por qué, tiene miedo a la oscuridad. Es algo muy normal en los niños y en algunos no tan niños (yo, sin ir más lejos, no soporto la oscuridad).

El caso es que este niño le tenía miedo, creía que bajo su cama vivían monstruos terroríficos, que su armario era la guarida de brujas y arpías y que los fantasmas podrían aparecer en cualquier instante. Lo cierto es que nunca pasó nada de eso. Ya cuando se hizo mayor aquel miedo no dejaba de ser una incomodidad a la hora de dormir, pero tenía cosas más importantes en las que pensar y se olvidaba de sus miedos. Hasta que un día algo extraño pasó.

Regresaba de estar de marcha con sus amigos (a su madre nunca le hizo gracia que saliera con esa pandilla). Había sido una noche muy movida, de mucha fiesta. Cuando regresó e intentaba dormirse sus temores le jugaron una mala pasada. El cuarto empezó, tan de repente, a centrifugare y a dar vueltas. El niño que temía a la oscuridad se aferró a sus sábanas, que siempre le habían protegido, pero parecía inútil. De debajo de su cama salían lagartos, serpientes y miles de reptiles y criaturas horrorosas intentado hacerle daño, de su armario salían despedidos cuchillos, hachas y demás armas punzantes. Miles de espíritus se habían congregado en su habitación para hacerle pasar un mal rato. El chico gritaba desesperadamente, pero nadie le oía.

A partir de esa noche dejó de consumir drogas y cambió de amistades.